Equilibrio Sagrado en Nuestro Paraíso
Wi'xa K'ayala' Tz'unuun Ya'

El propósito del programa es conectar a los niños con la madre naturaleza a través de sus tres componentes: Huerto modelo, Semillero y la Biofábrica de abonos, y con estos educar acerca de la protección del suelo, las semillas, la madre lago Atitlán (nuestro paraíso) y nuestra salud.

Huerto Modelo

Contamos con un huerto de 560 metros cuadrados aproximados con cinco áreas de cultivos: sistema milpa, hortalizas, plantas medicinales, círculo de bananos y limoneros. El huerto está basado en la agricultura ancestral, es decir, es trabajado por los niños desde el pensamiento maya en surcos, bancales de doble excavación y por elevación.

Para reforzar el conocimiento de los niños algunos bancales han sido diseñados en fases lunar y pez nativo extinto, y en función de la dirección de los cuatro puntos cardinales, movimiento del sol y de los vientos. Como complemento a los conocimientos y prácticas del equilibrio sagrado con la misma persona, la naturaleza y el universo, el huerto se complementa con un semillero, una biofábrica de abonos y bioinsumos agrícolas.

Semillero

Para reforzar el aprendizaje y el desempeño de los niños en función de la educación ecológica maya, equilibrio sagrado comunitario, contamos con un semillero desde el cual se promueve la germinación de semillas nativas o criollas de las hortalizas, granos básicos y plantas medicinales. Para trabajar el semillero se usan sustratos orgánicos los cuales son preparados por los niños.

El semillero se localiza dentro de un invernadero cuya estructura es de bambú, techo de policarbonato y con un diseño didáctico que facilita el desempeño de los estudiantes. También alberga un semillero tradicional.

Actualmente se está experimentando el uso de bandejas de bambú y otros materiales reciclados para prevenir y reducir el uso del plástico.

Briofábrica de abonos

Contamos con una biofábrica en la que producimos abonos orgánicos y bioinsumos agrícolas. Está diseñada para facilitar el aprendizaje y desempeño de los niños. Tiene una función educativa, ecológica, comunitaria y cultural. Los tres componentes descritos aportan en su conjunto conocimientos y habilidades para ser replicados en huertos orgánicos familiares. De lograrse estos se estaría extendiendo la sensibilización con el equilibrio sagrado en nuestro paraíso: la cuenca del lago Atitlán.